Hacía mucho, mucho tiempo que no sucedía nada en el blog. No creo que importe demasiado a decir verdad. En realidad, no es que no hayan sucedido cosas. De hecho puede que sea una de las épocas en que más cosas han sucedido, pero yo que sé, entre mi auto-indisciplina, que no todas son buenas y que soy un desastre, no he visitado esto.
Espero poner orden en las cosas de aquí en adelante, y tengo que hacerlo deprisa, que se me echa el tiempo encima. Y no se puede jugar con el tiempo. Es de esas pocas cosas que siempre ganan. No puedes despistarte con el puto tiempo. Simplemente no puedes, en cuanto pestañeas se ha pirado. Se escapa entre tus dedos como los rizos de aquella chica que ya ni recuerdas. Y si no la recuerdas es por culpa del tiempo y los desastrosos efectos que tiene sobre muchas cosas. Aunque no todo es malo con el tiempo, las peores cosas también se acaban gracias a él. Es una especie de ordenador del universo, en el sentido de que lo ordena, no en el sentido de computadora del orbe. Mantiene un cierto equilibrio cósmico que ninguno podemos atisbar, pero que si tenemos la suerte de sentirlo en nuestras carnes, deberíamos aprovecharlo. Aunque esto no se enseña en la escuela. Hace mucho tiempo que salí de la escuela y aún no he aprendido casi nada. Supongo que necesito más tiempo para aprender, y entender el tiempo. Supongo que este rato que acabo de pasar delante del ordenador escribiendo mis desórdenes del momento tendrán sentido en algún momento, al antojo del paso de los años y sus consecuencias con halo de arbitrariedad.
Esta es la parte más difícil. Como coño describo una cosa que acabo de parir por accidente sin que pierda interés. Ni sé que quiero contar ni cómo voy a hacerlo. Por el momento, acércate por aquí de vez en cuando y saluda a mis letras, lo mismo algún día te sorprenden.
domingo, 22 de abril de 2012
VUELVE
Cuando torcerse no es una opción
erección del ánimo,
masculinidad y tesón.
Quemar los barcos
sin apenas sacar el ron,
sonsacar los desánimos
con cualquier canción.
Desangrarse por las teclas
de cualquier ordenador,
esconderse tras el biombo
de aquel doctor
que tras tocarte el recto
te vende la solución.
Sentirse despojado
por la indignación
y levantarse sin escuchar
al capullo del sermón.
Cierra los puños y entra
en la sala de la desolación
y no salgas sin sangre,
sin pelear contra aquél cabrón.
Vuelve cuando tengas
pelotas de campeón,
vuelve y quédate
para acabar lo que se empezó.
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