Hacía mucho, mucho tiempo que no sucedía nada en el blog. No creo que importe demasiado a decir verdad. En realidad, no es que no hayan sucedido cosas. De hecho puede que sea una de las épocas en que más cosas han sucedido, pero yo que sé, entre mi auto-indisciplina, que no todas son buenas y que soy un desastre, no he visitado esto.
Espero poner orden en las cosas de aquí en adelante, y tengo que hacerlo deprisa, que se me echa el tiempo encima. Y no se puede jugar con el tiempo. Es de esas pocas cosas que siempre ganan. No puedes despistarte con el puto tiempo. Simplemente no puedes, en cuanto pestañeas se ha pirado. Se escapa entre tus dedos como los rizos de aquella chica que ya ni recuerdas. Y si no la recuerdas es por culpa del tiempo y los desastrosos efectos que tiene sobre muchas cosas. Aunque no todo es malo con el tiempo, las peores cosas también se acaban gracias a él. Es una especie de ordenador del universo, en el sentido de que lo ordena, no en el sentido de computadora del orbe. Mantiene un cierto equilibrio cósmico que ninguno podemos atisbar, pero que si tenemos la suerte de sentirlo en nuestras carnes, deberíamos aprovecharlo. Aunque esto no se enseña en la escuela. Hace mucho tiempo que salí de la escuela y aún no he aprendido casi nada. Supongo que necesito más tiempo para aprender, y entender el tiempo. Supongo que este rato que acabo de pasar delante del ordenador escribiendo mis desórdenes del momento tendrán sentido en algún momento, al antojo del paso de los años y sus consecuencias con halo de arbitrariedad.
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