Este fin de semana, ha vuelto a ser uno de esos que nos gustan...imprevisibles y sencillos de transitar como una cuesta abajo. El único problema, es que siempre que vamos por esa cuesta abajo lo hacemos sin frenos...lo cual no tiene por qué ser malo, pero siempre se le puede poner alguna pega.
El plan del finde era sencillo: Ir a Lyon a ver la ''fiesta de las luces'', ver el Madrid-Barça, salir de fiesta por allí y volver al día siguiente por la mañana, justo a tiempo de preparar mi presentación de inglés.
Así rezaba el comienzo de la entrada que dejé a medias hace mucho tiempo. Tanto tiempo que ya no tiene sentido terminarla, y posiblemente mis recuerdos hayan quedado totalmente erosionados por todos los acontecimientos recientes. Y es que estoy pasando mis vacaciones en España. Las vacaciones de mis vacaciones dirá alguno, y sí, no va nada desencaminado.
El hecho es que estoy disfrutando de mi hermana enana como un enano, de mis hermanos no enanos como un no enano, y de mis padres...en fin, como un hijo, porque hay cosas que nunca cambian. Y es increíble, que después de sólo cuatro meses, cuando volvía a casa, tenía la extraña sensación de que habrían cambiado mogollón de cosas que yo me había perdido. Que me encontraría en un lugar incluso algo extraño, como un visitante, como alguien que en efecto viene a pasar las vacaciones. Pero nada más lejos de la realidad. Todo sigue exactamente igual (salvo el detalle de que mi habitación ha pasado a ser la habitación de la siesta de mi padre). El problema es que no sé si esa inmutabilidad es buena o mala, o si simplemente depende de la situación en concreto, o si en realidad de estoy rallando más de la cuenta con un tema totalmente absurdo y previsible, como es la absoluta imposibilidad al cambio con la que están diseñados todos los padres del universo.
El caso es que estoy cumpliendo con casi todos los tópicos del anuncio del Almendro, incluyendo el que más me gusta...bueno, los dos que más me gustan: Comida de mi madre, y FELIZ NAVIDAD!!!
Esta es la parte más difícil. Como coño describo una cosa que acabo de parir por accidente sin que pierda interés. Ni sé que quiero contar ni cómo voy a hacerlo. Por el momento, acércate por aquí de vez en cuando y saluda a mis letras, lo mismo algún día te sorprenden.
sábado, 31 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
informe semanal
Hace ya unos buenos días que no escribo ningún carácter en el remoto servidor que aloje mis palabras. Y no hay un motivo especialmente bueno, ya que desde que no escribo las cosas se han sucedido de manera bastante narrable.
Podría empezar por contar cómo fue la visitas de unos buenos amigos de Madrid, pero quien me conozca sabrá más o menos a qué nos dedicamos. Fundamentalmente a pasarlo bien. Sin embargo, la visita quedó ligeramente empañada por un inoportuno examen, que aunque no me dejó disfrutar todo lo que me hubiera gustado de mis amigos, por lo menos va a resultar ser un aprobado seguro.
Puedo seguir por contar cómo sigue habiendo tías raras y meonas por el mundo de la noche, que me matan a saco. Pero eso es un poco la historia de mi vida, y no quiero extenderme en ese tema, porque me vuelvo un poco loco.
No estaría mal mencionar un nuevo viaje a Ginebra, o mejor dicho al aeropuerto de Ginebra, a recoger a la hermana de Marcos y su novio (un tío bastante majo, por cierto), y la vuelta a las 3 de la mañana.
Esquí al día siguiente, recordando lo poco que sabía, y nada mal, por cierto. Nada mal. Eso sí, muerto de no dormir y hacer deporte...destrozado.
Pero ha sido una semana increíble, de verdad, de las mejores desde que estoy aquí, incluyendo el nuevo mensaje amenazador de Monsieur Gonord, ahora por la basura. He pasado una semana cojonuda, que solo me deja una duda...¿Por qué coño yo nunca he leído a Neruda?
Podría empezar por contar cómo fue la visitas de unos buenos amigos de Madrid, pero quien me conozca sabrá más o menos a qué nos dedicamos. Fundamentalmente a pasarlo bien. Sin embargo, la visita quedó ligeramente empañada por un inoportuno examen, que aunque no me dejó disfrutar todo lo que me hubiera gustado de mis amigos, por lo menos va a resultar ser un aprobado seguro.
Puedo seguir por contar cómo sigue habiendo tías raras y meonas por el mundo de la noche, que me matan a saco. Pero eso es un poco la historia de mi vida, y no quiero extenderme en ese tema, porque me vuelvo un poco loco.
No estaría mal mencionar un nuevo viaje a Ginebra, o mejor dicho al aeropuerto de Ginebra, a recoger a la hermana de Marcos y su novio (un tío bastante majo, por cierto), y la vuelta a las 3 de la mañana.
Esquí al día siguiente, recordando lo poco que sabía, y nada mal, por cierto. Nada mal. Eso sí, muerto de no dormir y hacer deporte...destrozado.
Pero ha sido una semana increíble, de verdad, de las mejores desde que estoy aquí, incluyendo el nuevo mensaje amenazador de Monsieur Gonord, ahora por la basura. He pasado una semana cojonuda, que solo me deja una duda...¿Por qué coño yo nunca he leído a Neruda?
jueves, 1 de diciembre de 2011
volviendo entre tenues raíles
paradojas de vidas guiadas,
encuentro en mi contraseña
a mi mejor aliada.
Llegando hasta el confín
de las calles iluminadas,
entro en mi fortaleza
sin las luces mas osadas.
Llenando de vino el alma
y de cerveza la conciencia,
de amistades y apariencias
me voy solo a la cama.
paradojas de vidas guiadas,
encuentro en mi contraseña
a mi mejor aliada.
Llegando hasta el confín
de las calles iluminadas,
entro en mi fortaleza
sin las luces mas osadas.
Llenando de vino el alma
y de cerveza la conciencia,
de amistades y apariencias
me voy solo a la cama.
martes, 22 de noviembre de 2011
paranoia
Sorteando musculosas nubes
entre pinta y pinta,
llenamos la vida de rubias
amores y herrumbre.
Sangrando por donde las palabras sangran
de su propio eco
abandonadas,
dormimos en tiernas almohadas.
Blandiendo flexibles alabardas
banderas de ideas bastardas,
seducimos al desengaño
de luchar con nuestras almas.
Jugando a maniquíes maniqueos
marionetas de todos los tiempos,
jugando a perder el miedo
perdemos nuestros deseos.
entre pinta y pinta,
llenamos la vida de rubias
amores y herrumbre.
Sangrando por donde las palabras sangran
de su propio eco
abandonadas,
dormimos en tiernas almohadas.
Blandiendo flexibles alabardas
banderas de ideas bastardas,
seducimos al desengaño
de luchar con nuestras almas.
Jugando a maniquíes maniqueos
marionetas de todos los tiempos,
jugando a perder el miedo
perdemos nuestros deseos.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Psicotruco
Ha pasado un tiempo desde la última mirada a través de esta ventana a ninguna parte. Y ha pasado un tiempo precioso, lleno de acontecimientos de todo tipo.
Vuelvo a elegir un momento en el que mis neuronas están libres de alcohol para escribir sobre absolutamente nada.
Sin embargo algo ha cambiado respecto a la primera entrada. Ahora no es un dolor de conciencia, sino el hecho de haber remediado ese dolor. Embutido en una espesa nube de desodorante que abre mis fosas nasales con la pericia del tripero, y tras dejar cada rincón de mi humilde morada más limpios que los chorros del oro. Tras haber visto el enésimo capítulo de esa serie que me tiene como un yonki con síndrome de abstinencia, haber comido chocolate como una gorda depresiva y haber enviado algún que otro currículo. Tras haber normalizado un poco mi estancia y haber recuperado mi mesa, entonces estoy en condiciones de escribir.
Y es curioso que lo último que mencione sean las elecciones. Y el motivo en realidad es que me la pelan profundamente. En cierto modo me alegro de que haya ganado la derecha, pero me sigue sorprendiendo el fanatismo con el que algunas personas defienden al partido. Me resulta increíble que se pongan tantas esperanzas e ilusiones en personas que ya nos han defraudado con antelación ya sea por acción o por omisión, y que esperemos que venga alguna persona disfrazada de santito y líder a solucionar nuestros problemas.
Y eso da que pensar. Mucho. Porque esos problemas no son más que la consecuencia de todas aquellas decisiones que durante generaciones han ido tomando las personas de este país, continente, etc, etc...pudiendo aumentar el rango de actividad hasta el nivel que te dé la real gana. Y eso me hace plantearme cómo hubieran sido las cosas si se hubieran tomado decisiones diferentes a lo largo de los últimos años, desde el punto de vista de todos y cada uno de nosotros. ¿Podríamos imaginarnos cómo sería el mundo de las decisiones que no tomamos? o en realidad, los infinitos mundos de las decisiones que no tomamos. Cómo se habría desarrollado todo de haberse desplegado el enorme abanico de todas y cada una de nuestras decisiones y sus consecuencias, como se esparce, con una fuerza arrolladora y un sinfín de terminaciones la raíz de un olivo. ¿En qué situación se encontraría cada uno de los diferentes ''yos'' de cada uno de esos mundos? ¿Estaría escribiendo acerca de cómo sería yo en caso de haber seguido el laberíntico camino que me ha conducido a estar escribiendo? ¿habría posibles puntos en común? ¿diversos check-points en plan Motor Storm por los que hay que pasar sí o sí?
En fin, antes de perder la cabeza con estas cuestiones absurdas, tengo un millón de decisiones que tomar, que sin duda alguna van a determinar mi futuro y van a generar una infinidad de ''yos'' no realizados, que sólo Dios puede saber si existen en realidad en algún tipo de psicotruco paralelo.
Vuelvo a elegir un momento en el que mis neuronas están libres de alcohol para escribir sobre absolutamente nada.
Sin embargo algo ha cambiado respecto a la primera entrada. Ahora no es un dolor de conciencia, sino el hecho de haber remediado ese dolor. Embutido en una espesa nube de desodorante que abre mis fosas nasales con la pericia del tripero, y tras dejar cada rincón de mi humilde morada más limpios que los chorros del oro. Tras haber visto el enésimo capítulo de esa serie que me tiene como un yonki con síndrome de abstinencia, haber comido chocolate como una gorda depresiva y haber enviado algún que otro currículo. Tras haber normalizado un poco mi estancia y haber recuperado mi mesa, entonces estoy en condiciones de escribir.
Y es curioso que lo último que mencione sean las elecciones. Y el motivo en realidad es que me la pelan profundamente. En cierto modo me alegro de que haya ganado la derecha, pero me sigue sorprendiendo el fanatismo con el que algunas personas defienden al partido. Me resulta increíble que se pongan tantas esperanzas e ilusiones en personas que ya nos han defraudado con antelación ya sea por acción o por omisión, y que esperemos que venga alguna persona disfrazada de santito y líder a solucionar nuestros problemas.
Y eso da que pensar. Mucho. Porque esos problemas no son más que la consecuencia de todas aquellas decisiones que durante generaciones han ido tomando las personas de este país, continente, etc, etc...pudiendo aumentar el rango de actividad hasta el nivel que te dé la real gana. Y eso me hace plantearme cómo hubieran sido las cosas si se hubieran tomado decisiones diferentes a lo largo de los últimos años, desde el punto de vista de todos y cada uno de nosotros. ¿Podríamos imaginarnos cómo sería el mundo de las decisiones que no tomamos? o en realidad, los infinitos mundos de las decisiones que no tomamos. Cómo se habría desarrollado todo de haberse desplegado el enorme abanico de todas y cada una de nuestras decisiones y sus consecuencias, como se esparce, con una fuerza arrolladora y un sinfín de terminaciones la raíz de un olivo. ¿En qué situación se encontraría cada uno de los diferentes ''yos'' de cada uno de esos mundos? ¿Estaría escribiendo acerca de cómo sería yo en caso de haber seguido el laberíntico camino que me ha conducido a estar escribiendo? ¿habría posibles puntos en común? ¿diversos check-points en plan Motor Storm por los que hay que pasar sí o sí?
En fin, antes de perder la cabeza con estas cuestiones absurdas, tengo un millón de decisiones que tomar, que sin duda alguna van a determinar mi futuro y van a generar una infinidad de ''yos'' no realizados, que sólo Dios puede saber si existen en realidad en algún tipo de psicotruco paralelo.
lunes, 14 de noviembre de 2011
No preguntes si no hay respuestas.
Destripas la noche en secuencias de cuarenta minutos
Atiendes a razones
A motivos con luto.
Las garras del monopolio del tiempo perdido
Se incrustan en tu pecho
Mientras dura el expolio que conduce al olvido.
Los tristes párpados que intentas cerrar
Envían tus miserias
Al universo de no mirar.
Atiendes a razones
A motivos con luto.
Las garras del monopolio del tiempo perdido
Se incrustan en tu pecho
Mientras dura el expolio que conduce al olvido.
Los tristes párpados que intentas cerrar
Envían tus miserias
Al universo de no mirar.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Reflexiones desde el retrete
Voy a aprovechar que ahora estoy totalmente emocionado con la historia del blog para hacer una segunda entradita rápida.
Evidentemente no es una entrada aleatoria, es una entrada que tiene una motivación y quizás, ya veremos, un mensaje. Lo del mensaje no lo prometo porque a estas alturas del texto, aún no tengo muy claro qué va a suceder más abajo.
El caso es que aquí, en mi residencia, compartimos retrete, lo que a su vez implica que compartimos papel higiénico (Entiéndase que compramos rollos para uso común, no que compartamos los trozos de papel higiénico). Aquí tenemos una perfecta sincronía, engrasada por un estructurado y perfectamente inteligible organigrama justo enfrente del retrete, que permite saber quién se encarga en cada momento de la limpieza y de la compra del papel.
Como en todas las sincronías en las que participamos Marcos o yo, nos ha tocado salir a toda leche para cumplir con nuestra misión de compradores de papel del culo.
La cuestión es que, con la prisa, hemos comprado el primero que hemos pillado. Uno, que casualmente, tiene olor a melocotón...papel higiénico con olor a melocotón...
Como todos sabemos, en ningún sitio se piensa como en el retrete, y durante los 5-7 minutos que dura mi evacuación, mis neuronas han trabajado al máximo de sus capacidades.
En un principio, no creía posible lo del olor. Pensaba que sería una estafa. ¿Qué sentido tiene un papel higiénico con olor? ¿Qué utilidad?¿Por qué melocotón?Así que, en un acto de valentía sin precedentes, y beneficiándome de la intimidad que proporciona el retrete...me he acerqué el papel a la nariz, y aspiré...y eureka!! el papel realmente huele a melocotón!!!
¡¡Joder, que sorpresa!!, pensaréis, ¡¡lo pone en el puto envoltorio!! Bueno vale, pero yo soy una persona algo escéptica con estos temas, perdonadme. El caso es que el hecho de que no sea una estafa, solo me produce más dudas, y algunas certezas.
Las certezas son más fáciles de mostrar. Por ejemplo, estoy seguro de que todos en esta residencia acabaremos oliendo el papel higiénico en algún momento. También estoy seguro de que hay algún tipo suelto, que inventa cosas como esta, y otros tipos que ponen pasta para que nos limpiemos el culo con papel que huele a fruta, lo cual es raro con la cantidad de necesidades que hay. Está claro también que hay gente que compra el papel aromatizado, y no lo hace por error...y eso es jodidamente raro.
En cuanto a las dudas, la más importante, y que evidentemente no puedo resolver es...¿Entonces ahora me huele el ojete a melocotón? No lo siento más fresco que con otros papeles, pero probablemente no tenga nada que ver. La única conclusión, y la única utilidad que le veo a esto, es que, definitivamente, el mundo está hecho para facilitarle la vida a los lameculos.
Evidentemente no es una entrada aleatoria, es una entrada que tiene una motivación y quizás, ya veremos, un mensaje. Lo del mensaje no lo prometo porque a estas alturas del texto, aún no tengo muy claro qué va a suceder más abajo.
El caso es que aquí, en mi residencia, compartimos retrete, lo que a su vez implica que compartimos papel higiénico (Entiéndase que compramos rollos para uso común, no que compartamos los trozos de papel higiénico). Aquí tenemos una perfecta sincronía, engrasada por un estructurado y perfectamente inteligible organigrama justo enfrente del retrete, que permite saber quién se encarga en cada momento de la limpieza y de la compra del papel.
Como en todas las sincronías en las que participamos Marcos o yo, nos ha tocado salir a toda leche para cumplir con nuestra misión de compradores de papel del culo.
La cuestión es que, con la prisa, hemos comprado el primero que hemos pillado. Uno, que casualmente, tiene olor a melocotón...papel higiénico con olor a melocotón...
Como todos sabemos, en ningún sitio se piensa como en el retrete, y durante los 5-7 minutos que dura mi evacuación, mis neuronas han trabajado al máximo de sus capacidades.
En un principio, no creía posible lo del olor. Pensaba que sería una estafa. ¿Qué sentido tiene un papel higiénico con olor? ¿Qué utilidad?¿Por qué melocotón?Así que, en un acto de valentía sin precedentes, y beneficiándome de la intimidad que proporciona el retrete...me he acerqué el papel a la nariz, y aspiré...y eureka!! el papel realmente huele a melocotón!!!
¡¡Joder, que sorpresa!!, pensaréis, ¡¡lo pone en el puto envoltorio!! Bueno vale, pero yo soy una persona algo escéptica con estos temas, perdonadme. El caso es que el hecho de que no sea una estafa, solo me produce más dudas, y algunas certezas.
Las certezas son más fáciles de mostrar. Por ejemplo, estoy seguro de que todos en esta residencia acabaremos oliendo el papel higiénico en algún momento. También estoy seguro de que hay algún tipo suelto, que inventa cosas como esta, y otros tipos que ponen pasta para que nos limpiemos el culo con papel que huele a fruta, lo cual es raro con la cantidad de necesidades que hay. Está claro también que hay gente que compra el papel aromatizado, y no lo hace por error...y eso es jodidamente raro.
En cuanto a las dudas, la más importante, y que evidentemente no puedo resolver es...¿Entonces ahora me huele el ojete a melocotón? No lo siento más fresco que con otros papeles, pero probablemente no tenga nada que ver. La única conclusión, y la única utilidad que le veo a esto, es que, definitivamente, el mundo está hecho para facilitarle la vida a los lameculos.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Empecemos por la conciencia.
Aunque parezca un título jodidamente filosófico, nada más lejos de la realidad. Lo entenderías si estuvieras en mi misma posición, sentado en este mismo sofá de IKEA (KLOBO para los colegas) viendo lo que mis retinas. Si te despiertas de la siesta en tu habitación, en la que vives, y descubres que tu cartera está por el suelo, toda tu vajilla está sucia y esturreada por la habitación, al igual que tus zapatillas. Un colchón cubre el único espejo de verdad del habitáculo, el cual tiene la ducha debajo de la cama. Cajas vacías de galletas y latas de bebidas varias. Un olor indescriptible con mis pobres palabras. Si tu caja de medicinas es básicamente un cartón de tabaco reciclado, tienes dos pares de esquís que ni siquiera sabes usar, llaves inglesas sobre la mesa que no sabes de dónde han salido. Si vas descubriendo lo que sucedió la noche anterior a través de las fotos y de lo poco que recuerdan tus colegas, uno de los cuales ha sido forzado a barrer la calle en gayumbos por una vecina, que podríamos decir sin miedo a errar que no estima nuestra presencia. Si los cuadros del pasillo de la residencia llevan dos semanas dados la vuelta sin que nadie se dé cuenta, o si todos los demás inquilinos están hasta el nabo de ti y tu colega, por aquello de que al menos 4 días a la semana la lías, y dos de ellos la lías realmente parda...Si la habitación de al lado amanece llena de cebolla por todas partes porque hubo un campeonato de pin-pon, sus cubiertos están doblados y sus recuerdos no son tal cosa...entonces sabrás lo que es un auténtico dolor de conciencia.
Y cuando me duele la conciencia, suelo buscar remedios lejos de la fuente del dolor, lo que supone nada de alcohol, nada de fiesta, nada de impetuosas decisiones hacia desenlaces inciertos.
Por lo tanto, esta vez, la conciencia me ha empujado a escribir en público por primera vez en mi vida, a hacer un puto blog. A hacer algo de lo que llevaba años escapando, y ni siquiera sé si mi escasa fuerza de voluntad y mi desapego por la disciplina lograrán que escriba con cierta asiduidad. Tampoco tengo claro qué es lo que voy a escribir en las próximas entradas, o si por el contrario este blog va a ser como mi habitación y mi vida en las últimas semanas: Un excéntrico pero divertidísimo descontrol. Una especie de camarote de los Hermanos Marx a la española.
Y cuando me duele la conciencia, suelo buscar remedios lejos de la fuente del dolor, lo que supone nada de alcohol, nada de fiesta, nada de impetuosas decisiones hacia desenlaces inciertos.
Por lo tanto, esta vez, la conciencia me ha empujado a escribir en público por primera vez en mi vida, a hacer un puto blog. A hacer algo de lo que llevaba años escapando, y ni siquiera sé si mi escasa fuerza de voluntad y mi desapego por la disciplina lograrán que escriba con cierta asiduidad. Tampoco tengo claro qué es lo que voy a escribir en las próximas entradas, o si por el contrario este blog va a ser como mi habitación y mi vida en las últimas semanas: Un excéntrico pero divertidísimo descontrol. Una especie de camarote de los Hermanos Marx a la española.
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