jueves, 10 de noviembre de 2011

Empecemos por la conciencia.

Aunque parezca un título jodidamente filosófico, nada más lejos de la realidad. Lo entenderías si estuvieras en mi misma posición, sentado en este mismo sofá de IKEA (KLOBO para los colegas) viendo lo que mis retinas.  Si te despiertas de la siesta en tu habitación, en la que vives, y descubres que tu cartera está por el suelo, toda tu vajilla está sucia y esturreada por la habitación, al igual que tus zapatillas. Un colchón cubre el único espejo de verdad del habitáculo, el cual tiene la ducha debajo de la cama. Cajas vacías de galletas y latas de bebidas varias. Un olor indescriptible con mis pobres palabras. Si tu caja de medicinas es básicamente un cartón de tabaco reciclado, tienes dos pares de esquís que ni siquiera sabes usar, llaves inglesas sobre la mesa que no sabes de dónde han salido. Si vas descubriendo lo que sucedió la noche anterior a través de las fotos y de lo poco que recuerdan tus colegas, uno de los cuales ha sido forzado a barrer la calle en gayumbos por una vecina, que podríamos decir sin miedo a errar que no estima nuestra presencia. Si los cuadros del pasillo de la residencia llevan dos semanas dados la vuelta sin que nadie se dé cuenta, o si todos los demás inquilinos están hasta el nabo de ti y tu colega, por aquello de que al menos 4 días a la semana la lías, y dos de ellos la lías realmente parda...Si la habitación de al lado amanece llena de cebolla por todas partes porque hubo un campeonato de pin-pon, sus cubiertos están doblados y sus recuerdos no son tal cosa...entonces sabrás lo que es un auténtico dolor de conciencia.
Y cuando me duele la conciencia, suelo buscar remedios lejos de la fuente del dolor, lo que supone nada de alcohol, nada de fiesta, nada de impetuosas decisiones hacia desenlaces inciertos.
 Por lo tanto, esta vez, la conciencia me ha empujado a escribir en público por primera vez en mi vida, a hacer un puto blog. A hacer algo de lo que llevaba años escapando, y ni siquiera sé si mi escasa fuerza de voluntad y mi desapego por la disciplina lograrán que escriba con cierta asiduidad. Tampoco tengo claro qué es lo que voy a escribir en las próximas entradas, o si por el contrario este blog va a ser como mi habitación y mi vida en las últimas semanas: Un excéntrico pero divertidísimo descontrol. Una especie de camarote de los Hermanos Marx a la española.

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